El filósofo

Las nubes oscuras se ceñían sobre la plaza amenazando abrirse como odres, impacientes por vaciar su carga, y barrer el polvo contaminado de la tarde. Entre tanto, el payaso llorón recomponía su chaqueta de colorines y remiendos gastados sin dejar de danzar. Todos le conocían como el payaso llorón, porque al hacer sus piruetas y…