Revivinología / I

“- ¡Bienvenido a mi casa! ¡Entre libremente y por su propia voluntad!”

Drácula / Bram Stoker

1526720_10203467910514960_1147123759969524733_n1Lucretia había culminado con honores su maestría en “Alteraciones genéticas” en la prestigiosa Universidad de Leya.

No fue niña de cuentos de hadas, su abuela rumana la acostumbró a dormirse con historias poco ortodoxas, legiones de vampiros dominados por Nosferatu ansiosos por encontrar en la oscuridad sempiterna, frágiles damiselas accesibles al control de sus poderes sobrenaturales.

– ¡Nunca olvides Lucretia! No son historias de una vieja loca, repetía con su duro acento y los ojos tan abiertos como torpedos a punto de ser disparados ¡Yo viví allí! “Ellos” aprendieron a morir para vivir en la eternidad pero solo te tomarán si lo permites ¡Siempre están esperando una invitación! … y no se presentarán con pezuñas ni largos colmillos o la boca repleta de sangre… ¡El Ángel caído fue el más hermoso de todos! Su brillo iluminó el universo completo, tanta luz provocó celos, discordia, miedo ¡Lo desterraron, fue humillado! Él se llenó de ira y arrogancia, aún doblegado en su ostracismo, no cayó solo, se llevó una legión consigo… ¡Nunca olvides eso! Nadie mostrará su verdadero rostro para seducirte ¡Te ofrecerá lo que necesitas oír, lo que anhelas ver y tener!… Así, proseguía noche tras noche, acentuando la intensidad de su acento hasta transmutarlo en una retahíla espeluznante de sombras, nieblas, mordiscos, chorros de sangre, el castillo Vlad Tepes, tétricos y oscuros caminos y… ¡Los no vivos, renacidos!

– ¡Lucretia! Debes ser fuerte, la debilidad es la llave con la cual entrarán a tu corazón para robarte el ser, si lo consiguen ¡Dejarás de ser humana! Inmortal para ser esclava ¡Nunca los debes llamar por su nombre! y menos permitirle entrar a tu casa, es decir, a tu alma ¡Ya estoy muy vieja y pronto no estaré aquí para cuidarte!…

En momento similares entraba su padre, por cierto, sin esperar invitación alguna, se ponía furioso y comenzaba a gritarle quién qué sabe a su amada abuela, gesticulaba, se entendían en su idioma, golpeaba la mesa, la amenazaba con el puño cerrado… Continuaban la aterradora discusión por lo menos tres horas o más, su abuela gritaba ¡Vlad, Vlad! después, con los ojos aguados se levantaba de la cama de su inocente nieta, la besaba en la frente, le hacia la santa cruz y sin que su padre se diera cuenta, le escondía un diente de ajo debajo de la almohada.

Una tarde extrañamente nublada y helada como los inviernos de Transilvania, su abuela falleció de tisis, la encontraron en su habitación con el rostro azul y un hilillo de sangre corrido en un lado de la boca. Lucretia deseó fervientemente que resucitara, feliz, le hubiese permitido vivir a costa suya, de su cuello, sangre… ¡De su ser entero! Por más larga y confusa que presintiese la eternidad, con gusto y sin dudarlo, hubiese compartido su humanidad con ella. Después de haber quedado huérfana, ella llenó todos sus espacios con amor e historias espeluznantes <solía dormirse sudando frío y con taquicardia> la cuestión es que sin lo uno no disfrutaba de lo otro <amor versus terror> Su fallecimiento trascendía el portal del averno, ya que dejarla con el innombrable de su padre era igual que atravesar las puertas del infierno ¡Ni siquiera se interesó en aprender español!… Tampoco permitió que nadie le enseñara rumano a su hija.

Lo cierto fue nunca más volvió a vagar en la confluencia de las montañas Bucegi y Piatra Craiului, dejó de escuchar las insinuantes evocaciones de castillos poderosos habitados por seres de doble existencia deseosos de sombras y desvaríos en la noche eterna. Su pobre abuelita… ¡La visualizaba perdida entre la tierra húmeda! Llamándola, gritando, tal vez arañando el ataúd…. ¡Extenuada, esperando el milagro del renacimiento! y ella sin poder ayudarla. Su padre, ya de por sí enorme, incomprensible, seco y tan raro como pie grande, se fue consumiendo lentamente con el pasar de los días, sus ojos, estaban constantemente paralizados, comprimidos y rojos. Pasaba horas viendo a través de la ventana cerrada con una cabeza de ajo apretada entre las manos <a media noche> comenzaba a maldecir en español ¡Eso sí lo aprendió! Los vecinos enardecidos llamaban a la policía pero cuando lo tenían al frente <entonces> hablaba en rumano. Sin su abuela, el hogar que había construido, se fue convirtiendo en una congelada y agotada mazmorra. Luego de quince días, su padre se ahorcó y en sus últimos movimientos agonizantes unido a su peso de ballena azul, consiguió desprender un inmenso pedazo del techo que terminó aplastándolo. Huyó tras su madre, olvidándose de cualquier atadura que pudiese haber tenido en el planeta de las barbaridades.

– Buenos días Dra. Ardelean, le informo que acaba de llegar la Dra. Irina Lébedev, la está esperando en su despacho…

– Buenos días ¡Dígale que ya voy a recibirla! Gracias.

– Buenos días Dra. Lébedev. Espero que su viaje haya sido agradable, pues bien ¡Ya estamos aquí!… en la última etapa de la selección. He sido muy minuciosa en cuanto al perfil de los postulados, los he evaluado bajo el microscopio de mis exigencias, rechazando todo lo que esté cerca de la línea que separa lo místico de lo científico, haciendo hincapié, por supuesto, en los rigores de la ciencia. Ya me encuentro en proceso de una investigación muy avanzada pero he abierto una vacante, la he justificado como complemento del trabajo que he venido realizado desde hace cuatro años, lo he denominado “Revivinología”. Respecto a usted, he tenido conocimiento de su labor, me ha interesado su campo trabajo en el área de la recuperación de miembros, cuerpos descuartizados, sobre todo soldados quienes han perdido, brazos, piernas, manos, en fin… bajo el inclemente fuego del frente de batalla o por complicaciones, infecciones… También, sé que ha tratado con éxito, recuperaciones sobre amputaciones de piernas y pie diabético, injertos musculares, trasplantes de piel… Me gustaría comenzar esta entrevista a manera de darle un inicio ligero, eso que llaman “romper el hielo” con temas como por ejemplo, diría ¿Qué le animó a postularse? ¿Qué significa para usted el término “Revivinología”? ¿Qué le sugiere?

– ¡Encantada de conocerla!… Finalmente en persona Dra. Ardelean. Me esmeré en aprender español fluido tal como lo exigió a los postulantes aunque sé que usted habla a la perfección inglés y alemán. Me costó mucho aprender su lengua natal considerando mis orígenes rusos.

– Créame, lo habla muy bien…

– ¡Ah! suspiró un tanto nerviosa, luego se agrupó en sí misma y continuó. Me postulé porque entiendo que sus intereses en el campo de la investigación tocan con los míos en muchos puntos, algo en la dirección sobre restaurar partes del cuerpo, retomarlas, inclusive, diría que mi norte es rescatar de lo muerto, la vida ¡Revivirla! No pretendo lucir arrogante, por el contrario, me mueve el servicio científico que podría prestar a tantos seres desahuciados cuya existencia sería otra si recuperarán lo que han perdido.

– Sin duda…

–… y respecto al término “Revivinología” diría que me sugiere la misma idea que he venido exponiendo, resurgir, renacer, hasta resucitar, dijo a manera de apresurada conclusión. Se sentía atrapada en el inquietante fondo de las pupilas de la Dra. Lucretia, poseía una mirada penetrante, helada, inexpresiva, similar a los ojos de los animales que han sido disecados, sin embargo ¡Era hermosa! Represaba una gélida altanería aún ante sus educados ademanes.

– Me agradaría que continuáramos conversando durante la cena. Enviaré al chofer a buscarla a su hotel a las… ¿9:00? ¿Le parece?

– Sí… por supuesto. Estaré lista a esa hora.

–… entonces ¡Quedamos así! Dijo la Dra. Ardelean a medida que se levantaba dando por terminada la entrevista.

Irina quedó confusa luego de la conversación con la doctora ¡Ni siquiera quedó claro y si había sido aceptada! Ahora debía asistir a una cena, lo cual, para ella, resultaba más informal que la reunión que sostuvieron en su despacho, a su entender, demasiado corta y ligera. Suponía que por rusa podría tener dificultades para captar las señales que se manejan en español pero como científica, había asistido a muchos congresos, entrevistas, encuentros… y el procedimiento era el mismo, al menos en su esencia. No quiso arriesgarse, vistió de negro con vestido a media pierna, collar de perlas, maquillaje discreto y el cabello trenzado en un moño. A las 9:00 la llamaron de la recepción, el chofer había llegado.

– Buenas noches Dra.Lébedev, soy Raúl Guardiola, a su servicio, comentó a medida que le abría la puerta de la exótica limosina color vino tinto muy, muy oscuro.

– Buenas noches, gracias. Una vez adentro, Irina pensó que definitivamente la Dra. Lucretia había encontrado la manera perfecta para impresionarla, se quedó distraída apreciando como las luces de la ciudad se iban alejando, de pronto, se encontró en un paraje completamente oscuro. Quiso preguntarle al chofer qué estaba pasando pero el vidrio en alto los separaba y junto al ennegrecido escenario, resultaba imposible que él pudiera apreciar sus manos haciéndole gestos para llamar la atención, además “Raúl” tampoco escuchaba los golpes que ella daba tan insistentemente contra el espejo ¡Comenzó a sudar frío! … y ¿Si resulta qué ese hombre es un psicópata adicto a la violación o al asesinato? ¡No conseguía tranquilizarse! ¿Por qué ahora esa carretera con tantos baches y todo apagado? Quizás exageraba por el viaje tan largo, desconocer la ciudad… La humedad corporal le había resbalado el peinado dejándole el cabello enredado sobre la cara, se le partieron las uñas de tanto insistir contra el vidrio ¡Comenzaron a sangrarle! Sentía el viscoso calor escurriendose, pegándole su emplasto en manos y  muñecas <la garganta> le ardía a fuerza de gritar, percibía el rímel chorreándole los pómulos… !El terror la asfixiaba! Se le apretó el pecho en un típico ataque de pánico. Finalmente, se vislumbró una propiedad ¡Debe ser la casa! y así fue, una enorme construcción tipo castillo medieval se fue estructurando, imponente, a medida que se acercaban ¡Se calmó un poco! Una vez ubicados frente al inmenso portal, Raúl se bajó para abrirle la puerta, al verla, quedó impresionado.

– ¡Doctora! ¿Qué le ha sucedido? ¿Había un animal adentro y no me percaté? ¿Un gato montés? ¿Tal ta ta tal vez?… tartamudeó espantado con el aspecto de la doctora, sangre en las manos, el rostro con emplastes, la cabeza como un nido ¡Seguro lo despiden! Ha debido inspeccionar el interior de la limosina…

– Mire ¡Tengo un largo rato intentando comunicarme con usted! He golpeado el vidrio hasta romperme las uñas, le he gritado, no sé qué más decirle, luego continuó vociferando en ruso, enfurecida, su voz alterada y ronca le daba una apariencia lastimosa, luego se retomó para coordinar sus ideas ¡No había ningún animal! ¡No!

–… entonces ¿Por qué estaba tan desesperada? ¿Se sintió enferma? He debido estar pendiente. Le ruego me disculpe.

En medio de la aireada discusión se presentó el mayordomo, supuso la doctora que ese era su cargo. Se acercó solemne y ceremonioso miró al chofer <quien inmediatamente se retiró> Con un sonido grave le dio la bienvenida, Irina notó que su mirada pasó de una leve alteración a una frialdad reglamentaria ¡Que vergüenza! Tanto escándalo y no sucedía nada ¿Qué excusa podría ofrecer ante su irracional comportamiento y fachada de loca?

– Es un placer recibirla. La Dra. Ardelean ha organizado una grata velada en su honor.

… continuará.

Scarlet C

Cita 1: http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/bram-stoker.html

Imagen: http://revistamamba.com/edicion-0-revista-mamba-surrealismo/

 

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